Mi amigo Humberto Osnaghi Fiore
Hace algunos meses conocí a un joven sorprendente quien se ha convertido en mi gran compañero de charlas y con quien entablé una curiosa y rica amistad. Lo vi por primera vez en octubre del 2008 en el Club Centenario durante la entrega de premios del concurso de cuentos. Mi sobrino, José Miguel Crosa Rivarola, había ganado la primera mención entre los menores de 25 años y Humbert, se había alzado nada menos que con el primer premio. Como tía orgullosa de los logros de las nuevas generaciones, leí al llegar a casa, el trabajo de José Miguel. Me gustó tanto que no logré entender como no le habían dado el primer lugar. Esa inquietud me llevó a que seguidamente leyera el cuento de mi ahora gran amigo Humberto. Aunque no me animo, ni objetiva ni subjetivamente a valorar a uno como mejor que el otro, también quedé impactada por la narración de este chico de sólo 21 años (ahora ya tiene 22). Otro sobrino mío, José Tomás Riera, suele presentarme a sus novias como “la tía a la que le pasan cosas raras”. Le tuve que dar la razón, porque fue por casualidad que encontré a Humberto entre los amigos de otra sobrina. Fue entonces que le escribí unas palabras de felicitación, al tiempo que dedicaba otras a Jose Miguel. Poco despues me respondió y chat mediante, comenzamos a compartir innumerables conversaciones acerca de literatura, religion, filosofía, modas urbanas y experiencias generacionales, que yo conozco por haberlas vivido y el a través de sus increíbles padres que tienen mas o menos mi edad. Cada semana nos encontramos en el Café Bonafide, entre mis reuniones y “chofereadas” a mis hijos y el entre sus clases de facultad, dias de futbol, de paddle, de tenis y las farras con sus innumerables amigos y amigas. El me dice tía, y yo le doy algunos consejos sobre la vida, sabiendo en el fondo, que es mucho mas sabio que yo. Su tío Enrique (mi esposo) se gratifica al saber que hay en el Paraguay jovenes como el, inquietos y sensibles frente al mundo y el pais que los rodean. Su idealismo juvenil se volcó hacia las causas sociales a través de su movimiento católico. Me habla con orgullo de las misiones que realizan todas las Semanas Santas y de la ayuda que brindan a los sectores menos favorecidos. De su hogar, y de la tradición que conservan ciertas familias paraguayas que no se hincaron ante el stronismo, lleva genuinamente la nobleza, la honestidad y la dignidad, valores que muchos ensalzan y que pocos practican en su vida cotidiana. El sueña con ser escritor, vivir en Buenos Aires y algun dia ganar el Premio Nobel. Y se que va a lograr la mayoría de sus objetivos. Muchas veces me pregunte donde estaban los nuevos escritores paraguayos. La vida me puso uno enfrente. Algun dia, esta tia, con sus anteojos para leer, tendra entre sus manos un ejemplar de tapa dura de una maravillosa novela, que estoy segura, no solo me hara pensar y emocionarme, sino que me hará reir a carcajadas como siempre hace este chico, parte de una juventud que nos llena de esperanzas en el Paraguay que se está gestando.
viernes, 8 de mayo de 2009
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