jueves, 7 de mayo de 2009

Estamos a tiempo

Meses antes de la muerte de Raúl Alfonsín, le decía a mi esposo que al fin la figura de ese gran demócrata sudamericano, había sido reivindicada. Como soy una optimista sin remedio, pensé que las numerosas semblanzas y reconocimientos que produjo su desaparición llegarían hasta los dirigentes paraguayos, como una gran lección de quien sin renunciar jamás a sus principios, supo privilegiar el consenso, como práctica política cotidiana. Entonces pude leer en los diarios que hubo una posibilidad de acercamiento entre Fernando Lugo y Federico Franco. Sin embargo, ese intento volvió a fracasar por circunstancias que a la luz del ciudadano común como yo, resultan incomprensibles. Este es un gobierno surgido de una alianza, liderado por alguien que supo captar el apoyo de la población y de un partido, mal que le pese a muchos, es la segunda fuerza en el Paraguay. A este fenómeno sumamos el voto ciudadano independiente y el aporte de los partidos pequeños y los movimientos independientes. Sin embargo, por la avaricia del poder, parece que tanto unos como otros olvidan que sin esa unión, hoy estaríamos padeciendo la misma historia de siempre. Pero la situación no se presenta de manera tan simple, puesto que el mismo Partido Liberal, está dividido. Lamento que esta alianza no haya sido el producto de un pacto nacional, donde cada uno de los sectores politicos y sociales, aceptaran negociar los principales temas que urgen al pais, aún renunciando en pos del interés general, a algunos de sus propios intereses. Me preocupan las elecciones municipales, temo que la alianza ya no sea tal cuando comiencen las campañas proselitistas y que eso sea interpretado como un descontento generalizado hacia este proceso que no deberia dar marcha atrás. Se está a tiempo de revertir esa situación, siempre y cuando ese pacto se haga realidad. De lo contrario, cada cual jugará su juego y el lobo feroz se comerá las ilusiones de todo un pueblo.

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